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TODO VA A ESTAR BIEN

  • 16 jun 2018
  • 4 min de lectura


Este es mi cuarto artículo del blog y me quedo con sentimientos encontrados. Creo que ya no quiero seguir escribiendo pero hoy es un dia especial para Lima, para el Perú, para Putín y para el mundo, pero para mi no.


No soy un fanático del fútbol. A veces lo practico, pero es un tema de sentirme más saludable... a mi edad cualquier tipo de deporte es válido. Pero bueno, al grano,hoy nuestra selección peruana de fútbol, después de 36 años, vuelve a un mundial. Se enfrenta a Dinamarca. Es más, estoy escribiendo mientras van corriendo 28 minutos del partido.


Usualmente salgo a manejar bici o caminar por el mar cuando juega nuestra selección. Mientras sucede eso, mi amable familia mira el partido en casa, con el corazón en la boca, gritando cual gemidos incontrolables cada gol de esta selección. Y está bien, en medio de tanta mierda, algo debe hacer feliz a este país de ciudadanos pesimistas, melancólicos, ingenuos, emprendedores y esforzados.



Pero bueno, hoy me tocó quedarme en casa como buen chico que soy. Pensé que me uniría al entusiasmo familiar, pero una vez más he fallado. Me estoy aislando y por eso estoy escribiendo en este blog mientras todos siguen mirando el partido. A lo único que he accedido es a la apuesta familiar. Sí, hoy también me la juego y puedo llevarme los 280 soles que hay en el pozo familiar.


Pero bueno, de qué puedo hablar que ya no se haya dicho. La coyuntura mundialista está bien interesante para hacer un trabajo de observación. Al menos para los que solo nos gusta analizar o creer que analizamos.


Por ejemplo, hace unos meses nuestra selección también se enfrentó a Islandia en un amistoso. Por motivos familiares tuve la oportunidad de ir a supervisar una grabación de vídeo de este magno evento, en el cual, muchos compatriotas veían el partido en una pantalla grande en el Parque de la Muralla.



Fue interesante notar cómo el entusiasmo nacional se unía. Parecía que todos estaban sentados en un meeting político de forma voluntaria escuchando las promesas de una pantalla gigante, la promesa del sueño nacional, de aquella victoria donde recuperábamos nuestra mascapaicha y así volvíamos a sentir un gran poderío incaico correr por nuestras venas. Sentíamos que todo era posible, y no importaba que fuesen a cambiar de presidente o que hayan liberado a un ex-presidente que cometió delitos de lesa humanidad en su mandato. No importaba nada, todos eramos el gran inca y las lágrimas solo se contenían alrededor de muchos ojos para gritar un sagrado gol. Eran las lágrimas de nostalgia, de que por fin podíamos hacer bien algo si todos estábamos unidos.


Mientras eso sucedía, yo estaba obligado a caminar por todo el área porque tenía que buscar a los dos camarógrafos. Fallaba en el intento y solo veía compatriotas gritando, cargando banderas y vistiendo polos del color de la sangre y la hoja bond. Encontraba muchas latas de cerveza en el suelo, parejas jóvenes besándose...al parecer a ellos tampoco les importaba el fútbol y solo podía más el amor.


Todavía faltaba el segundo tiempo y tenía que irme a otro lado del centro de lima a cumplir asuntos profesionales (al menos era un intento de ello) que no tenían relación alguna con el fútbol. Y aquella fue una experiencia más enriquecedora, ya que pude ver cómo era el centro de nuestra ciudad, y probablemente del país, mientras todo el país se paralizaba frente a sus pantallas.



Un señor en la plaza San Martin predicaba sobre cosas socialistas, comunistas y nacionalistas. Sí, la selección de fútbol jugaba y habían personas que al parecer no les interesaba ello o al menos tenían cosas más importantes que hacer, como el hecho de cargar a un santo en sus hombros o salir con sus familias a comprar por Saga o Oeshle.



Pensé que todo iba a estar más paralizado pero no fue así. Es más, el señor que predicaba en la Plaza San Martín recibió la pifiada de un compatriota borracho (lo digo en serio), que solo gritaba con arengas "chichichi lelele" "abajo el patriarcado" "!Que viva Pinochet!". La audiencia alrededor del predicador se comenzaba a reír y con cierta seguridad comezaron a mandar a la mierda a este señor, invitándolo a que "se largara y no joda", que vaya a "joder a otro lado". El borracho continuó y el predicador, algo más ofuscado y con mucha seguridad, procedió a indicarle que si seguía haciendo ello "le iba a sacar la mierda". Pues bueno, el señor continuó pero yo procedí a acercarme a él, y con voz temerosa le dije que esté tranquilo, que ya nos dijo lo que nos quería decir, que ya lo escuchamos. El tipo se tranquilizó y como bueno peruano corrupto que soy, le di un sol para que se vaya, y así fue. El mar se abrió, el borracho se fue, yo me fui y los televisores seguían hipnotizando a muchos de mis compatriotas.


Pero bueno, al final fue una noche agradable aquella. Acá ya está terminando el partido. Dinamarca ya metió un gol, cueva se falló un penal y me he reído un poco al ver por el televisor cómo la cámara encuadra a una mujer con lágrimas, vistiendo su casaca roja con una franja blanca. Esta mujer se ha ido a Rusia inviertiendo probablemente más de $7000 (ella o su esposo o su amigo). Una pena por ella, pero bueno, cuando culmine el mundial ella regresará feliz, sabiendo que a pesar de invertir sus $7000 vio a su selección jugar un mundial y pudo colgar muchas fotos de esto en su facebook e instagram.


En fin, acabó el partido y al parecer no ganó nuestra selección. No ganó el Perú, no ganó el peruano que veía con tanta inocencia este evento, tampoco ganó Keiko ni Alan, perdieron todos porque un sueño se ha quebrado. También perdí yo, porque no gané mi apuesta, apunté que Dinamarca ganaría 2-1. Hoy perdimos todos, pero somos peruanos pesimistas, melancólicos, ingenuos, emprendedores y esforzados, tenemos que seguir adelante, como dice Rímac Seguros, todo va a estar bien... al menos por ahora. Igual hay que regresar a chambear el lunes, así que todo bien.


Bais

 
 
 

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