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UN MILLENIAL PENSANDO EN VEJEZ

  • 1 sept 2018
  • 3 min de lectura

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Hace unos días tuve la oportunidad de asistir al "Taller de Quipus y Sueños-", organizado por la PUPC en virtud de la semana del adulto mayor. Creo que durante las dos últimas semanas, ha sido lo más saludable que he hecho en mi rutina.


Me inscribí al evento con una semana de anticipación, pero como casi siempre, el mismo lunes del taller me nacían esas inmensas ganas de no despertar. De no abrir mis ojos ni respirar mientras el cuarto estaba en silencio y solo me quedaba traumado por varios minutos mirando el techo de mi cuarto, sí, ese color blanco que a veces calma y otras irrita.


Pero bueno, todo era inevitable. Toda la anterior semana no había tenido mucha comunicación con mi familia porque sigo escapando de muchas cosas a mis 28 años. Tal vez ese fue el remordimiento que me llevó a ir al taller. Aunque debo reconocer que al final todo fue por un acto de inercia, al menos ese es el recuerdo que tengo de aquella mañana de invierno, soledad y desesperanza por la vida.


Llegué al aula, solo estaba yo y las dos encargadas de taller: Una psicóloga de contextura delgada, muy simpática para mi descontrolado gusto y otra mujer alta con botas, pelo ondulado y ojos tal vez algo sobresalidos, no lo recuerdo bien, me sigue fallando la memoria.


Me dijeron que disculpe, que los demás asistentes están por llegar. Me quedé mirando el aula y pensaba cómo hubiese sido continuaba con mis estudios en sociología. Miraba el color de las alfombras, trataba de percibir olores hasta que comenzaron a llegar las 4 asistentes faltantes. Sí, al final solo era yo y 4 señoras mayores de 40 años supongo. No solo era el único hombre, sino el único joven. Me quedaba pensando si realmente esa es la proporción de jóvenes que tienen interés alguno por la población adulta mayor o solo pertenezco a una proporción de imbéciles que prefieren hacer eso en vez de estar socializando o invitar a una chica a salir.


Llegaron las asistentes, la psicóloga no esperó más, nos dió la bienvenida a todos y , como casi siempre, consultó si alguien quería iniciar con la presentación, pero mencionando detalles que no dicen en el CV. Oh no, detesto y amo esos momentos porque puedo trascender o puedo quedar como un perfecto imbécil. Creo que en esta ocasión solo quedé como un ingenuo porque hablé de mi interés en los adultos mayores porque nunca conocí a ninguno de mis cuatro abuelos, de que me hubiese gustado estudiar alguna carrera de ciencias sociales y que me gusta ver mucho el mar cuando me siento ahogado por la tierra.


Terminé de presentarme y también lo hizo una señora que habló por más de 15 minutos. Muy interesante su historia, a pesar de que era todo una lora, porque contaba que casi toda su vida a trabajado vendiendo periódicos. De ahí se presentó una señora más que le hubiese gustado ser bailarina pero trabajaba haciendo coaching. De ahí habló la otra señora que tenía una historia bien interesante pero, una vez más, por mi decepcionante memoria, no recuerdo qué le hubiese gustado estudiar. Fue interesante que en algún momento la psicóloga mencionó que los Quipus no solo se usaban para contabilizar mercancías, sino también para contar historias. Sería interesante investigar más sobre eso. Aquí dejo el link de esa primera parte : https://soundcloud.com/saul-anampa/taller-de-quipus-y-suenos


Luego nos preguntaron qué recordábamos de lo que hacían los adultos mayores cuando eramos niños. Fue una pena que yo no podía decir mucho ya que por mi condición de joven millenial que nunca pudo conocer a sus abuelos, prácticamente no tenía muchos recuerdos que contar, solo el del día en que enterraban a mi abuelo y cómo había un polo rojo sobre su ataúd.


(continuará)




 
 
 

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