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FELIZ AÑO VIEJO

  • 1 ene 2019
  • 5 min de lectura

Actualizado: 2 ene 2019

Hace unas horas se ha iniciado el 2019 en nuestro calendario nacional. En el noticiero acaban de mencionar que la mayoría de los países latinoamericanos son los últimos en recibir el año nuevo. Eso quiere decir que también llegaremos tarde el fin del mundo? Una lástima...


Es curioso despertar un 31 de diciembre y sentir pereza porque iniciará un nuevo año, 365 días más de incertidumbre, malas decisiones, esperanza, expectativas y resultados que a veces no son lo que uno espera..365 días más esforzándose por lo que uno cree que "sueña" o "quiere". Como dice Freud, al final todo se resume en sexo, así que los anhelos y promesas no son más que nuestra indefinida búsqueda de sentir una excitación infinita o encontrar la calma que se sentía al vivir en el vientre de la madre.


Pero bueno, los instantes no son eternos y tampoco lo fue la flojera por saber que el 2019 se acercaba. Salí de casa con el pretexto de un almuerzo de amigos, cuando en verdad no tengo amigos. Llegué al lugar donde trabajo y opté por ordenar el almacén, las mesas de trabajo, reunir las bolsas que aún no entiendo por qué vivimos en una sociedad donde la gente se obsesiona con ellas.


Mientras hacía todo ello, recordaba sentimientos que me envolvían en diciembre del 2017: ansiedad, miedo y tristeza por no ser "querido o apreciado" como lo esperaba. Este diciembre ha sido distinto...me he sentido vacío y a veces sentirse vacío es la mejor opción. No sentí tristeza por no ser amado, tampoco sentí el miedo a la soledad ni la ansiedad por recibir un abrazo. Simplemente sentí que mi alma era como una isla vacía de vegetación, personas, piedras...no sentía nada y eso fue mejor.


Salí a pensar un rato por el mar y luego fui a casa a cenar con mi familia. Pude terminar de leer una novela muy interesante que retrata la historia paralela de un joven y su bisabuelo, nacidos los dos en la selva peruana. Fui a descansar temprano y me desperté a las 5am para manejar bicicleta. El 2017 hice lo mismo pero solo maneje en distritos no muy alejados de mi hogar.


Hoy fue interesante, porque manejé muy lejos, manejé hasta el mar. Fueron casi 20 kilómetros de ida y 20 kilómetros de regreso, pero lo que vi me generó mucha satisfacción.


Fue allí donde conversaba conmigo en voz alta y me decía:


"qué sería de mi sin los normales, sin aquellos que se embriagan en diciembre,

que conducen con música en el altoparlante a gran intensidad,

qué sería de mí sin aquellos que sonríen y sienten esperanza por la vida,


qué sería de mi sin los que celebran este día,

qué sería de nosotros los amargados sin aquellos que aman,

qué sería de ustedes sin nosotros los solitarios,

qué sería del mundo sin aquellos anormales,

qué sería del universo sin la insignificancia de nuestro planeta"


Y eso surgió luego de recorrer la ciudad desde las 5:00AM y ver autobuses no tan vacío con personas. pistas muy vacías, el cielo amaneciendo en una ciudad donde habían más desperdicios en las calles que tachos de basura, y más en un día festivo, especial y esperanzador como este.


Manejé por toda la avenida Javier Prado y fue agradable la sensación de que tenía a mi disposición una pista de cuatro carriles sin autos, donde podía manejar con tranquilidad con mi bicicleta. Aunque a veces me daba miedo que un borracho me aplaste con su auto o ver un atropello frente a mis narices. Pero lamentablemente nada de eso sucedió y me mantuve con vida durante todo el recorrido. Decidí no usar audífonos porque a veces eso nos distrae de los sonidos de la realidad.


El recorrido continuó y al llegar a la ciclovía general, luego de una hora, recibí este regalo del cielo




Ese hombre era parecía un mendigo, pero en verdad, cuando me acerqué no lo era. Minutos después de tomarle la foto lo llamaron y sacó un iPhone de su bolso. Segundos después pasé por la comisaría y no faltaron los autos en grua, chocados y con un joven de saco azul con algo parecido a un collar blanco muy grande en el cuello.


Llegando a uno de los parques más memorables del distrito de Miraflores un grupo de jóvenes me saludaban con gritos y arengas pronunciando "Allí está nuestro ciclista! Wuuu, que siga nuestro ciclista!!" El grupo estaba conformado por una mujer de senos voluminosos y un vestido brilloso. Su pelo era amarillo como una moneda de diez centavos. Los otros tres chicos eran igual de peculiares. Uno tenía el cabello ondulado y vestía camisa blanca con jeans despintado, de los otros dos no recuerdo nada, es que no tenían senos voluminosos ni vesridos brillosos.


Cuando ya cruzaba la pista para llegar al malecón no faltaron las mujeres y jóvenes ebrios que caminaban solitarios por las calles o a veces en grupo, pero al final de cuenta solos. También habían señores borrachos descansando en las veredas o grupo de jóvenes tomando el bus o el taxi colectivo dispuestos a pagar cualquier precio. Total, al final todos están ebrios, es año nuevo y reina la felicidad en nuestra ciudad. Que por cierto, ayer acaban de retirar a dos fiscales muy importantes del caso lavajato. Mañana habrá marcha y quiero ir, iré.




Finalmente llegué al mar (Demoré una hora y media) y descansé. Escribí alguna tontera y luego me regresé a casa. Me sentí tranquilo. El año pasado este era un mes de lágrimas y sufrimiento, hoy ya me he quedado sin lágrimas. Soy frío y eso es bonito.


Ah verdad, luego fui a mi lugar de trabajo para alimentar al gato, que se sentía solo y triste: a ese huevón le falta mucho por aprender, es que solo quiere cachar y comer. Le voy a enseñar a leer y a no esperar nada de nadie.




Luego regresé a casa, el camino iba a durar dos horas pero me entretuve para sacar algunas fotitos de la última subida que, siendo realistas, me hizo doler mucho las piernas, o tal vez el culo.


Y ya casi llegando a casa, muy cansado, apunto de sufrir un paro cardíaco porque nunca antes he manejado casi cinco horas en bicicleta, encontré esta bonita vista de la ciclovía cercana a mi barrio aristócrata.




No sé si el color amarillo que se usa en año nuevo es por el color de estas hojas. El año pasado la pista también estaba repleta de ellas. Pero en fin.


Hay formas de ser un amargado y, al mismo tiempo, ser "feliz" o vivir "en calma". Como casi todos los 31 de diciembre, lo único que quería era sentir que es un día normal, y al parecer lo logré.


Vuelvan a trabajar amigos, se acabó el recreo. Los dejo con una bonita canción.


https://www.youtube.com/watch?v=ddCUeK-Qn9g


 
 
 

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