Hecho en el Perú ¿O Lima? Festival Al Este de Lima IX Edición
- Saul Anampa

- 11 jul 2018
- 8 min de lectura
Actualizado: 21 jul 2022

Hace unas semanas tuve la oportunidad de asistir a dos funciones y a la clausura del Festival Al Este de Lima*. En su novena edición, pude notar la producción que había detrás de este evento. El cual, en sus primeras ediciones, se mostraba como un interesante emprendimiento en la coyuntura de una ciudad que aún no mostraba mucha madurez en lo que concierne a festivales cinematográficos, fenómeno que ha ido demostrando mejor organización en los últimos años.
Existe una comparación muy interesante de este festival con respecto a las otras propuestas que actualmente existe en la ciudad, y no solamente ello, sino también existe una marcada diferencia de esta novena edición con lo que se podía ver en sus primeras ediciones.
Hace 8 años tuve la oportunidad de asistir a una de las ediciones del Festival de Cine de Lima. Existía glamour, buenos invitados internacionales, con la llegada de Ricardo Darín o incluso la hija de Charles Chaplin, noté que se trataba de un festival muy grandilocuente, donde a veces uno adquiere hasta cierto status por decir que ha asistido al festival. Este festival era dirigido a personas con mayor poder adquisitivo, que puedan pagar 18 o 16 soles por una entrada. Por otro lado, también comencé a interesarme por otras opciones, como por ejemplo el “Lima independiente”; pero aquí los filmes ya se inclinaban a un extremo de lo experimental, y las propuestas eran más arriesgadas en la programación del festival, sin que esto implique películas con alto grado de calidad o narrativas con cierta solidez. Jamás olvidaré 40 minutos de mi tiempo invertidos en ver cómo la cámara registraba en un plano secuencia los cables de los postes de la ciudad, se parecían mucho a las historias de instagram o facebook que a veces he hecho desde mi celular; aunque, a comparación de la película de este director, más personas vieron mis imágenes de cables y postes tomadas con mi móvil. Pero al final, está bien, una película no siempre se trata del público, sino de la sinceridad con la que el creador quiera contar una historia. Lo interesante de este festival era que las producciones sí estaban más al alcance del público, con precios más baratos y una distribución más equitativa a nivel geográfico en lo que concierne a las salas donde se proyectaban estas películas de cables y postes. Fue algunos años después que me enteré del Festival al este de Lima. Y resultó un agradable hallazgo, ya que, en mi caso, se presentó como una versión intermedia entre lo que era el Festival de Cine de Lima y el Festival Lima Independiente.
A pesar de que era un asistente fiel de estos dos festivales, el festival Al Este de Lima mostraba una programación más sólida, con películas europeas más digeribles y otras más complicadas, como en mi caso fue “La Tragedia Del Hombre”, una película animada Húngara, que básicamente resumió en tres horas mis pensamientos más fatalistas, suicidas y críticos sobre la humanidad, la historia y la presencia de Dios en el mente del hombre.
Han pasado los años y ahora he podido ver una muestra mucho más producida del Festival al Este de Lima. Han podido traer celebridades con Cindy Díaz o Mayella Lloclla, ya no es el festival para personas normales, tal como lo concebía antes. A pesar de ello, la gama de películas que eran parte de la programación del festival sí era bien interesante. Han podido traer al gran Béla Tarr para laboratorios promovidos por el festival, lo cual también ha demostrado un gran avance en el festival. Lo que me dejó pensando es el enfoque que va teniendo este festival tanto en sus inauguraciones como en sus clausuras. Un director de cine que asistió a estos dos eventos me comentó que esperaba encontrar una red de networking, pero lo que más pudo ver más eran “chibolos” haciendo cola para el trago o los bocaditos. No pude asistir a la inauguración que hubo en la primera edición del festival, pero no sé por qué sospecho que no era así.
Sea lo que fuese, considero que Al Este de Lima es un evento al que, a pesar de que sus precios han encarecido en sus entradas, jamás imaginé pagar 17 soles por una entrada, cuenta con demasiado potencial para alguien quien no quiere ir a un festival tan pudiente como el Festival de Cine de Lima, o no busca películas tan independientes como Lima Independiente. La logística de este festival ha crecido, cuentan con más auspiciadores, mejores talleres, más lugares de exhibición, lo cual es muestra de un festival que ha podido madurar a lo largo del tiempo. Sin embargo, sería necesario considerar la forma en que controlan esta logística o realizan las alianzas con sus partnerchips. Buscar una función en Cine Olaya y que indiquen que se ha cancelado la función por el partido de la selección peruana; o que vayas a una función de una película y tarden casi 20 minutos para iniciar la proyección; o que simplemente los lugares de exhibición no accedan a promocionar más al festival desde sus redes u otras plataformas; todo esto nos deja muestra de que aún hay mucho por trabajar desde la administración de este proyecto. A pesar de ello, cuenta con mucho potencial y sobre todo, quedaría pendiente analizar de qué forma se puede convertir en provechoso ese extraño posicionamiento de ser el festival para que “los chibolos vayan a hacer colas por tragos y bocaditos en la clausura o inauguración”. Tal vez el público no debería de estar tan dirigido a los cineastas adultos, sino a los más jóvenes, y para ello sería muy importante reforzar la promoción y la exhibición de sus ediciones alternas, como es el caso de la sección Hecho en el Perú, en la cual sí podría decir que el festival me deja mucho por aprender y analizar, a pesar de que debería llamarse Hecho el Lima, por lo centralizado que ha estado el evento y la mirada casi urbanas que hay detrás de casi todas estas producciones.
Estamos frente a una muestra muy diversa e interesante sobre los futuros talentos audiovisuales que comenzarán a darse a conocer en nuestra ciudad. Desde ficciones, micro-documentales, ficción experimental o imágenes paisajistas, nos encontramos ante una generación con una voz, con un discurso más sincero que tal vez las generaciones más adultas. A pesar de ello, es una preocupación notar que existen variantes que se repetirán con respecto a los directores más adultos, hasta tal vez se podría correr el riesgo de cometer los mismos errores que estos.
Títulos como Perform, Lo que nos espera o Septiembre, dejan en claro que todavía se preserva en la ficción una alta importancia a la forma y no al contenido, y probablemente esto se ve más representado en los dos primeros títulos en mención, donde volvemos a fallar en personajes vacíos y sobrecargado de silencios o diálogos que no presentan alguna concordancia con la realidad. Historias sin un conflicto claro como el de un músico que se persigue a sí mismo o de jóvenes que no saben qué hacer con sus destinos nos dejan en claro que aún hay mucho por aprender en lo que concierne a las reglas básicas de la narrativa. Tal vez nos estamos olvidando de aprender a respetar las reglas, para luego quebrarlas y les es complicado a estos cineastas comprender que en la ficción es donde más uno se debería ajustar a esta normativa de experiencia. En las dos historias, se presentan pocas barreras para que los personajes consigan sus objetivos, desde matar a un hermano gemelo o sobrevivir en el día a día, la presentación de las adversidades son muy ligeras, oportunistas.
En este tipo de producciones es, de alguna forma alentador, poder notar lo que ya se ha visto durante los últimos 10 años: la formación de futuros talentos de la musicalización, la dirección de fotografía o la producción. Se preocupan por una mejor logística, imágenes visualmente más agradables o piezas musicales que comiencen a “perdonar” los errores de guión o dirección que aún siguen vigentes. A pesar de ello, la estética creada a partir de la dirección de arte deja muy poco de esperar de estas dos producciones. Existe un manejo muy funcional y hasta superficial desde la dirección de arte. En el caso de Lo que nos espera, existen detalles tan visibles como un juguete nuevo en una azotea o vestuarios tan inconsistentes, que dan muestra de una falta de investigación no solo en los personajes sino en algo más importante que es la realidad misma. Esta inconsistencia sucede en Perform, donde se siguen creando estereotipos a partir del manejo del vestuario, bares o decoraciones en general. Es una debilidad que se pudo distraer con el manejo de luces o la composición de encuadres por momentos impactantes.
El caso de “Septiembre” es muy particular en el sentido de que trata de respetar las normas de la narrativa aristotélica, creando personajes más sólidos, con conflictos claros y una puesta en escena que funciona con la historia. La pregunta sería ¿Por qué decidieron usar a estos actores? Tal vez ya es momento de replantear este factor que he notado que se repiten en muchas otras producciones de ficción, donde se busca brindarle importancia a la selección de uno o tres actores “mediáticos”, lo cual están bien, pero esperemos que en algún momento alguien se arriesgue con propuestas más novedosas.
Por otra parte, existen producciones que dejan grandes expectativas sobre lo que concierne a los futuros creadores de este país. Las creaciones documentales, en su gran mayoría, han demostrado propuestas más arriesgadas, donde la técnica está en un segundo plano y solo importa la sinceridad con que se cuenta una historia. La sociedad los encasilla a veces como “hipsters” o “jóvenes que viven en su burbuja”. Pero directores como Willie León, Nuria Angeles o Noellia Vallve, han demostrado que no todos los “jóvenes cineastas” son lo mismo. En Rosado notamos de forma satírica lo importante que es mirarnos en un espejo, reírnos sanamente por un instante de lo estridente que puede ser nuestra cultura. Gracias al acompañamiento distanciado y antropológico de un personaje como Violeta, el director se ha arriesgado en usar indefinidamente soluciones que para cineastas de ficción a veces son imperdonables, como por ejemplo el uso muy recurrente del estabilizador de premiere o la presencia de un punto en el sensor; son factores que alterarían la dignidad de algún otro joven director de cortometraje de ficción. Pero Willie lo hace, y eso está muy bien, porque él quiere contar esa historia, obvia inconscientemente los tecnicismos porque comienza a ser parte de una generación interesada en la reflexión sobre nuestra identidad, pero no de esa identidad que nos enseñan en los primeros ciclos de universidad en las clases de ética, sino la que se ve en la calle. Con María Ta-ta o El Coyote, notamos el gran potencial que puede tener el protagonismo de las mujeres en nuestra futura industria audiovisual. Dos historias con personajes muy consistentes, donde la cultura urbana es el principal personaje que una vez más, nos puede llevar a construir una reflexión menos cínica de nuestra identidad. Un tatuador o una feminista sin tabús ni complejos es lo mejor que se pudo proyectar en una sala de San Isidro, donde existe un público más adulto o inclusive adulto mayor, con un nivel socio económico probablemente alto. Estas producciones se necesitan para gritar con el cine a estas personas que no todo está bien, y somos jóvenes que sabiendo que las cosas no están bien queremos cambiar el sentido de las cosas, o al menos reírnos de ellas y que tú también lo hagas para que nos detengamos en la creación de tantos prejuicios.
Como aparecía pintada en una de las paredes de la película de Godard (La Chinoise) “Hay que combatir las ideas con imágenes claras”, y esto es lo que han logrado y probablemente seguirán logrando los futuros documentalistas de esta ciudad. En el género de ficción hay mucho por caminar, pero ellos también son parte del proceso y estamos seguros de que pronto podrán contar historias más sinceras, y quién sabe, historias que ayuden a reconstruir también, de forma saludable, una mirada más humilde hacia nuestra identidad. A pesar de todo, esta edición del Festival Al Este de Lima nos ha traído esto, una retrospectiva más sincera, no necesariamente desde sus creadores más adultos, ni desde los que vienen desde afuera para dar talleres muy interesantes. Sino nos ha traído una mirada que vienen de aquellos que a veces no nos imaginamos el gran potencial que tienen como narradores, sí, de aquellos que hacen cola para gorrear tragos y bocaditos.
Bais


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